Eduardo “N” y el Nuevo Sistema de Justicia Penal

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La última vez que Eduardo “N” burló la acción de la justicia fue magistral. Como de película de enredos. Como de comedias en las que no se entiende la dialéctica hermandad con las tragedias.

Fue capturado por la policía portando una cantidad considerable de vegetal verde y seco, al parecer marihuana. Los agentes lo remitieron ante el Ministerio Público, pero en el camino se deshizo de sus zapatos. Los agentes no se dieron cuenta y el señor se presentó a declarar en calcetines.

A la hora de valorar las pruebas, la juez que llevaba el caso determinó que sus alegatos en el sentido de que no lo habían detenido en la calle, sino en su casa (y la prueba era que iba en calcetines) eran válidos, por lo que decidió dejar que enfrentara su proceso en libertad. Eso sucedió hace apenas unas semanas.

Eduardo “N” acudió ayer al sepelio de una persona que se suicidó. Llegó al panteón del Carmen, en Ciudad Obregón, de donde es originario para estar presente en el último adiós a quien seguramente era conocido suyo.

Hasta allí llegaron tres sujetos a bordo de una camioneta azul. Bajaron con sendas armas largas y cortas y abrieron fuego contra Eduardo “N”. Un balazo en el ojo y dos más en el pecho lo hirieron de muerte, cuando éste se encontraba a bordo de un vehículo sedán de color rojo. Fue trasladado en un taxi hasta el Hospital General, donde falleció.

Los presuntos agresores, por su parte, se dieron a la fuga a bordo de la Cherokee azul y en su huida a toda velocidad, el chofer perdió el control del vehículo cayendo a las aguas del canal alto, donde posteriormente fue localizado, con una persona en su interior. Muerta.

Esta columna no suele abordar temas de nota roja, pero este caso es, en su atipicidad, uno de los que mejor ilustra las inconsistencias del nuevo sistema de justicia penal acusatoria; la manera en que los presuntos delincuentes han estudiado las mil y una manera de activar la ‘puerta giratoria’ para seguir en libertad, y sobre todo, la forma en que con esto, contribuyen notablemente a incrementar la percepción de impunidad, esa que cualquier ciudadano siente cuando ve que la policía captura a quien le ha provocado un daño patrimonial o de cualquier otra índole, y al otro día lo ve en la calle, como si nada hubiera pasado.

Eduardo “N” era un alumno avezado en eso de evadir la acción de la justicia. Su larga carrera delictiva, al parecer, incluía algunas materias relacionadas con el conocimiento de las nuevas reglas del sistema. Y las aplicaba.

Su historial no deja lugar a dudas: fue detenido por la PESP el 28 de agosto del año pasado, por falta administrativa; el 25 de junio de ese mismo año, por delitos contra la salud, mismos por los que aparecía en cuando menos cuatro averiguaciones previas.

Pero desde 2010 aparece en proceso judiciales y ministeriales por delitos contra la salud, daños, alteración del orden, posesión de droga, lesiones con proyectil de arma de fuego, robo con violencia a persona, entre otros.

El 21de julio de 2014 ingresó al Cereso de Ciudad Obregón por el delito de robo de noche por dos personas, y salió cuatro meses después. Ingresó de nuevo el 23 de septiembre de 2015 por delitos contra la salud (posesión de metanfetaminas con fines de comercio) y salió dos meses después.

Fue ingresado de nueva cuenta al Cereso en septiembre de 2016, por delitos contra la salud (posesión de metanfetaminas y mariguana con fines de comercio), y abandonó el Cereso dos meses después.

Recientemente fue capturado de nueva cuenta en posesión de mariguana. Fue cuando se deshizo de sus zapatos para alegar que la detención había sido en su casa, y la jueza dio por bueno su argumento, dejándolo libre.

Se escapó del sistema de justicia, pero no pudo evadir las balas que le dieron muerte, en hechos que tienen ese tufillo a ajuste de cuentas entre bandas del crimen organizado.

El punto aquí es la urgencia de la capacitación en los cuerpos policiacos sobre las letras chiquitas del nuevo sistema de justicia penal, antes de que la capacitación por experiencia empírica de los malandros nos deje a todos en estado de indefensión.

De eso se trató ayer durante la clausura del ciclo de conferencias de proximidad, vinculación e inteligencia social, que la gendarmería federal ofreció a los agentes de la PESP y con lo que se busca preparar más al personal operativo, que usualmente son los primeros respondientes y por tanto, los que mejor deben conocer los vericuetos del nuevo sistema de justicia penal acusatorio, para evitar casos como el de Eduardo “N” y otros, muchos otros que se presentan a diario.

Conversando con el secretario de Seguridad, Adolfo García Morales, nos explicaba que en el reciente encuentro de la Comisión Nacional de Seguridad, Sonora presentó varias propuestas, algunas que fueron aprobadas y otras que están siendo valoradas, como la de incluir otros delitos, además de los de alto impacto, entre los que ameriten prisión preventiva, ya que actualmente hay delitos como el de robo a casa habitación (por cierto uno de los que más laceran la vida cotidiana de las familias), de los que los presuntos pueden salir en libertad previo acuerdo resarcitorio.

Pero este es un tema complicado porque requiere el estudio y revisión de códigos, leyes y reglamentos, y su eventual adecuación a la realidad del país y de cada uno de los estados.

Y a propósito, resulta que hasta ahora, no hay en el país un sistema o programa para dar seguimiento a esos acuerdos, por lo que no se sabe si se cumplen o no. Y eso es otro tema que contribuye a la percepción de impunidad.

Pues bien, en el reciente encuentro de la Comisión Nacional de Seguridad, Sonora presentó un software para dar seguimiento a estos casos, propuesta que fue aceptada y en breve se aplicará en todo el país.

Y bueno, ya que andamos por estos rumbos de la nota roja, ayer fue capturado Gabriel Enrique “N”, un joven de apenas 22 años que el pasado 28 de agosto dio muerte a una mujer con seis meses de embarazo, en Guaymas.

El presunto es imputado por delitos de feminicidio y aborto cometido y fue capturado ayer por la tarde atendiendo una orden de aprehensión girada por un juez oral penal.

Hace cuatro días fue encontrado el cuerpo sin vida de Rosa María “N”, en una vivienda de la colonia Misioneros. La muchacha tenía seis meses de gestación de una criatura que tampoco sobrevivió. Dos días después, agentes de la AMIC catearon el domicilio de Gabriel Enrique, asegurando un cuchillo, ropa y demás evidencia que acreditan su culpabilidad en los hechos.

Como en otros casos, bien por los agentes de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal, que resolvieron el crimen en cuatro días. Vamos a esperar, ahora, el abordaje que las instancias de administración de justicia le dan a este caso.

No vaya a ser que el muchacho se queje de un Informe Policial Homologado mal hecho, y que en unos cuantos días esté enfrentando en libertad su proceso.

Este tema es sumamente serio. Entre la percepción de inseguridad y la confirmación de la impunidad, a la ciudadanía no le dejan más opción que la justicia por propia mano, y esa es la delgada línea que divide a las instituciones de la barbarie.

Ojo.

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